Haciendonos mayores...

domingo, febrero 19, 2006

Una casita para mí solita

LLego a las cinco o a las seis y puedo hacer ruido. Doy un portazo a la puerta sólo por el placer de oírla. Dejo todas las cosas tiradas en la entrada porque mañana las puedo recoger. Voy a la cocina y cojo una sartén. Me hago unas tostadas de esas clásicas, con la mantequilla burbujeando sobre el fuego. Ñam. Puedo tomar tostadas a todas horas, yo reino sobre mi alimentación. Me voy a la cama.
Suena un teléfono porque ya es mediodía pero no quiero coger y no cojo. Suena y suena y suena y sigue sonando y yo me río, porque sea quien sea no puede hacer nada. Después me levanto y voy a desayunar y tropiezo con mi bolso que está en medio del pasillo. Y me encanta encontrármelo tan fuera de sitio. Voy a ducharme y dejo la puerta abierta y escucho mucho mejor la música. Está estruendosamente alta pero no molesto a nadie. Y entonces canturreo y pienso que qué tendrá de malo vivir completamente sólo, que por mucho que quieras a los demás es mejor elegir los momentos de compañia que sufrirlos. Pienso que ser adulto y vivir sólo y que tu casa sólo sea para tí, tiene que ser la paz.

Después me doy cuenta de que la paz no es la felicidad.

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