Haciendonos mayores...

martes, noviembre 13, 2007

Sábado en Berlín (2)

Después sacan la lista y se dan cuenta de que son las cinco y no han hecho ni la mitad de las cosas apuntadas en la mejor lista del mundo, la más organizada, la más reflexionada. Deciden borrar esto y aquello para quedarse más tranquilas. Van a una iglesia que está cerrada y deciden que es el momento de que M se duche. Camino a su casa está muy oscuro y hace mucho frío y no paran de tropezar y maldicen la no-contaminación lumínica , pero pueden mirar las estrellas. M se ducha y corren después en pos del metro (S75?) y lo cogen y llegan a la catedral. Dan sus entradas y se sientan y esperan. Se escucha algo a un lado. M está en éxtasis pero Cr reflexiona sobre que ella para poder tener una de esas emportaciones necesita que la música esté más alta. Se angustia, acto seguido, preguntándose si habrá perdido ya la capacidad de estar tranquila disfrutando de los sonidos bajos, si la ciudad ya la habrá convertido en un monstruo, pero después los cinco cantores se acercan y más después todavía suena el órgano: intenso y lúgubre, justo lo que a ella le gusta. Pasado un rato M se percata de que todas las parejas están muy abrazadas (puede que demasiado para una iglesia) y se pregunta si la música mística tiene un nosequé romántico que no alcanza a comprender. Se lo pregunta a Cr que sí lo entiende pero no quiere decir nada cursi y se calla. Por otro lado Ca no acaba de descifrar por qué tanta gente tiene los brazos sobre el respaldo del banco precedente y la cabeza metidita entre los brazos y se lo pregunta a Cr, que sospecha que están dormidos.

Al salir hace frío, demasiado frío, muchísimo frío, infernal frío. Dan vueltas en busca de un bar de músicas balcánicas, pero cuando lo encuentran no entran porque les da demasiada impresión pagar y cogen un metro o dos en busca de un castillo. Al llegar a la zona del castillo deciden comer pero nada parece apetecible y se meten en una casetita con un horno-dios-fuego, sofás, pipas de agua y gotitas cayendo del techo debido a la condensación. Allí comen algo que no son capaces de recordar pero que en todo caso tenían demasiada salsa y demasiada poca calidad. Deciden aventurarse en la noche y buscando el castillo se dan cuenta de que lo que más se parece es un edificio con pinta de cárcel del que sale una luz ultravioleta. Preguntan. No es ahí: uf. Siguen buscando y el nombre del castillo coincide con el de un sitio que no es un castillo. Vaya. Deciden hacer la cola, de todos modos. Entran. Van en modo cebolla y no paran de sacarse ropa mientras alucinan con la composición del lugar. En el escenario hay un grupo cantando exitazos y animando a un público que les jalea muy entregado. Entre el público hay jóvenes, nietos con sus abuelos, hermanos, padres e hijos, todo parece indicar que se trata de una boda pero no es una boda. Tanto da. El único problema es que además de modo cebolla también practican el modo turista y no saben que hacer con la mochila que se bambolea en la espalda y golpea a la gente a diestro y siniestro. Y además empieza a hacer calor. Pero como puede hacer tanto calor. No puede hacer tanto calor. Ay dios mío que me ahogo.

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3 Comments:

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Blogger Cubilete said...

quiero ir a berlín! YA!

1:50 p. m.

 
Blogger Zabu said...

Sólo estoy en el segundo episodio y ya estoy enganchadísimo a esta serie... ¿qué pasará en la próxima entrega?

6:30 p. m.

 
Anonymous M y Ca said...

Cr, nos partimos en dos o tres trozos leyéndote!!!!!!!!!! xDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

Con que el gregoriano es romántico, ¿eh? [Sabrás que desde Polonia, lo único que suena en el ipod de M son nocturnos de Chopin y canto gregoriano...qué dices a eso!? ;P]

1:16 a. m.

 

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