Haciendonos mayores...

lunes, enero 04, 2010

Año nuevo

Quise hablaros del snooker, de los torneos fantásticos que emiten en Eurosports, de cómo los locutores nos radian cada una de las jugadas como si se tratara de una posibilidad de gol, de lo bien que visten los participantes ingleses, te los imaginas como lores o sires cuando menos, de lo atento que está el público, de cómo vibra ante imagino, una pantalla gigante, porque algunos no podrán alcanzar a ver qué bola ha metido, pero sobretodo de lo bonito que es que cualquier variedad deportiva (cualquier variedad de cualquier cosa, me atrevo a decir) levante pasiones.

Pero pasado el día, pasada la romería, así que me imagino que debería hablar del año que empieza, o del que se ha ido, hacer una defensa de la Navidad –que sé que lo necesita-, de salir en Fin de Año, y (por favor) de los mensajes telefónicos y las postales, de aquellos tiempos en que los amigos aún respetaban las fechas obligadas para ponerse al corriente de la vida. También, quizá, de los propósitos de año nuevo. Pero este año nuevo me produce mucha pereza y prefiero zambullirme de lleno en la vida que me espera los próximos meses sin pensármelo demasiado. Dicho esto, soy consciente de que toda esta aclaración es como las columnas sobre qué vergüenza que Belén Esteban sea lo único que interesa a los españoles (pero yo me molesto en hablar sobre ello para darle más pompa, o para que mis lectores se sientan especiales), así que considero que he cumplido.

Hoy por lo tanto he cogido mis botas de montaña y (muy bien acompañada) me he ido a buscar petroglifos por los montes y a embarrarme las suelas en peligrosas veredas al borde de tempestuosos ríos. Tanta tempestuosidad, nos hizo hablar de lo bello, y también de lo sublime, los conceptos más interesantes que aprendí en la Universidad, aunque por supuesto, no recuerdo de ellos todo lo que merecían. Recuerdo, básicamente, que en una época en la que estaban con los cánones de belleza por aquí y por allá, y si la harmonía, y si el arte bien reglado, Burke –y también Kant, y muchos otros- establecieron la distinción excluyente entre la belleza (lo bonito, lo dulce, lo fácil de ver, lo bien trabajado) y lo sublime (que va más allá de la belleza, que no es bonito, ni dulce, ni fácil de ver, pero que nos coloca a nosotros mismos frente a nuestros límites y por lo tanto nos sobrecoge y nos asusta, pero nos atrae tanto que no podemos dejar de mirarlo).

La naturaleza en invierno, las tormentas, las olas de varios metros, el dolor, lo salvaje.
Lo que nos hace creer que estamos aprendiendo alguna verdad sobre el mundo.

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5 Comments:

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Blogger Mrs Jones said...

Tú en realidad perteneces al Romanticismo, ¿verdad?

Yo hoy taché todo lo que había apuntado en mi agenda ;)

1:13 a. m.

 
Blogger Zabu said...

Vaya, qué casualidad, a mi también me apetecía lo de las botas y el monte embarrado.

Y estoy de acuerdo con Mrs Jones, pareces un ejemplo claro de heroína romántica de la literatura.

Cruzarás a nado la ría como Byron con el Helesponto?

4:47 p. m.

 
Blogger Zabu said...

OH! qué estupenda simultaneidad!

;)

4:57 p. m.

 
Anonymous Tera said...

"Lo que nos hace creer que estamos aprendiendo alguna verdad sobre el mundo".

Creo que este cierre es sublime en el sentido que da el diccionario.

Bicos!

11:01 p. m.

 
Blogger aniram said...

Sublime :)

4:25 p. m.

 

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