Haciendonos mayores...

lunes, febrero 18, 2008

M. en Bruselas (I)

Yo quería hablaros de cómo resultó al final la manifestación (fantástica, fantástica) pero el tiempo ha corrido demasiado y resulta que ya no procede.

Os hablaré, pues, de algo más reciente e igual de fantástico: M.

M. no tiene nada que ver con la canción de los piratas ni con el asesino de Dusseldorf (primer dato de importancia). M. es aquel personaje tan querido por todos nosotros que conocimos en las crónicas de Berlín (en realidad, yo, unos 15 años años antes). M., que se sabe las normas de cortesía, decidió corresponder a mi visita berlinesa con una visita bruseliense. Yo, que no me las sé, la recibí sin cartelito de wielkomen (en este caso bienvenue –perdonen los flamencos-), sin conversación en el tren y sin nada de nada. Yo la recibí desde el teatro (así organizo yo de bien mi vida) y en mi lugar envié una representante de verde manzana verde.

Así que cuando llegué a casa ella ya me estaba esperando, con caramelos y un bello poster berlinés. Cenamos, conversamos (ahora sí) e hicimos planes. Dormimos profundamente (no queráis saber cuantas noches llevaba yo sin dormir) y nos levantamos demasiado pronto dispuestas a conocer toda la ciudad.

Mientras M. sacaba fotos yo la conducía tratando de que (ella) no advirtiese con que aprensión trazaba yo el camino que había memorizado el miércoles anterior. Conseguimos llegar sin pérdida al Palacio de Justicia donde la fiebre de las fotos ya se desató. Allí, en el hall, señores y señoras vestidos con negras togas hablaban despreocupadamente con gente vestida al estilo paisano. M. y yo visualizamos rápidamente nuestra próxima empresa turística: alquiler de trajes jurídicos.

Bajamos en un ascensor de cristal y casi nos perdemos. Pregunto, sin embargo y pronto accedemos a la calle que nos llevará a nuestro destino número 2. La calle, por lo demás, resulta demasiado atractiva y entramos en una librería donde nos compramos una revista de viajes que habla precisamente de nuestro destino de este verano (aún en modo piloto). La librera (libros viejos de segunda mano, madera, librera entrañable con gafas, cuánto romanticismo) nos instruye sobre la división del establecimiento. Antes toda la literatura en lengua francesa estaba junta, pero los propios clientes pidieron que la literatura belga contase con su propio apartado. ¡Idea acertada! Pienso yo, tras descubrir (mediante ese sistema) que Marguerite Yourcenar es belga (quizá no lo sea, pero en todo caso, la consideran). De ahí pasamos a una tienda de abalorios donde decidimos iniciarnos en el arte de crear nuestras propias joyas (con desiguales resultados).

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4 Comments:

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Blogger Flami said...

Y...mira... ya sabes dnd podemos dormir en abril?

9:33 p. m.

 
Blogger Mrs Jones said...

(quieroeuropa)

11:58 p. m.

 
Blogger Marina said...

Ay, Cr :) Estoy orgullosisísima de mi periodista preferida! Y tan emocionada que lloro- hoy se me han mezclado (de nuevo) demasiados sentimientos para mi cuerpo...intento parecer menos blandurria, pero creo que no triunfo xD Merçi beaucoup, siempre tan impecable :)

1:24 a. m.

 
Blogger u minúscula said...

vendras a madrid a ver a jones y de paso a mi, no?

8:42 p. m.

 

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