Haciendonos mayores...

jueves, febrero 21, 2008

M. en Bruselas (III)

El sábado debemos madrugar para ir a hacer el programa (madrugar son las 10 o las 11, nada especialmente doloroso, pero tened en cuenta que debo trabajar TODOS los sábados a las 13h). Le he propuesto a M. que en la sección de viajes nos hable de Berlín, y M. nos sorprende a todos con una descripción que ni las guías de viaje, coherente, ordenada, completa y apropiada. Trato de no deprimirme mientras reflexiono sobre por qué algunas personas lo harán todo tan bien y otras todo mal, pero gracias a dios, llega una entrevista que tengo que hacer en francés y tratar de hablar correctamente hace que no pueda pensar en tonterías.

Salimos y hace un sol magnífico. Paseamos, pensamos en comer rápidamente en la estación de Midi (goffre número 2) y coger ya el metro hacia el Atomium. Llegamos el Atomium a las 17.45 y cierra a las 18.00, decidimos volver el lunes. Sacamos fotos y más fotos que (uf, menos mal que nos avisaron) nunca podremos colgar y nos dirigimos a la Basílica de Koekelberg, el segundo edifcio art decó más grande del mundo (toma esa). En cuanto entramos, cierran la puerta, y nosotras no logramos encontrar otra salida. Aprovechamos para espiar una exposición de Da Vinci que no tendremos tiempo de ver, antes de que nos expulsen del lugar.

Después de cenar quedamos con A. También conocida como la chica verde manzana verde, y nos dirigimos al centro. Un poco de Delirium (para que M. pueda ser una buena asidua), un poco de bar sin nombre y llegamos a un sitio turbio que nos da miedo. Algunos hombres se acercan suciamente (es peor que el Apolo de nuestros años mozos! –aclaración para compostelanos-) y nosotras tenemos que desplazarnos varias veces para no pegarnos con nadie. Sopesamos cambiarnos de sitio pero en ese momento ponen un, dos, tres, un pasito palante Maria, y nos emocionamos mucho. M. empieza a bailar con un montón de chicos (bueno, en realidad no baila con un montón, pero un montón hacen cola –pobres ingenuos- para bailar con ella). Yo me entusiasmo ante la Polaroid de un finlandés que se dedica a hacer fotos y regalárselas a la gente (o eso afirma él). Debo entusiasmarme más de lo que procede porque de repente está arrodillado frente a mí, con una anilla de llavero en las manos pidiéndome en santo matrimonio. Algún despistado de los alrededores se cree que está en serio y me cuchichea, pero no seas así, mujer, dile ya que sí. Yo ardo en deseos de decirle a alguien “llevo años esperando este momento”, pero como se supone que una debe casarse exclusivamente por amor, le digo que no. M, A, y yo continuamos bailando mientras una espontánea nos saca a bailar por turnos. Más tarde llega L. con algunos amigos, pero no aguanta mucho. Nosotras decidimos esperar a que abra el metro (yo bastante sorprendida de mi aguante, oh, M. eres una inyección de vitalidad!).


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5 Comments:

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Blogger Mrs Jones said...

Al fin nos has hablado de él!

Quiero boda en Finlandia!!

12:39 a. m.

 
Blogger Cubilete said...

me encantan tus posts de viajes/vizsitas/turismo

8:25 p. m.

 
Blogger Flami said...

Mira tu mail :-)

9:36 a. m.

 
Blogger Marina said...

Tía, no es que lo haga todo bien. Creo que es muy fácil enamorarse de Berlín (bueno, enamorarse últimamente parece que a todos les cuesta poco tb ;P)

Ve a lo de Da Vinci por mí, bitte! (y diles de paso que su web no va con firefox)

Qué cosas me dices-me pongo roja xD

2:35 p. m.

 
Blogger Marina said...

Ah! Y yo tb quiero boda en Finlandia, tengo 2 nuevos amiguitos allí :D

2:35 p. m.

 

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