Haciendonos mayores...

lunes, febrero 21, 2011

Finde en Santiago



Ya sé que la última semana rompí mi propósito de año nuevo, pero según todas las revistas (y leo muchas en internet) más de un mes se considera un éxito. También dicen que lo importante es que uno no haga mucho caso de los tropiezos, y lo siga intentando con ahínco. Porque intentarlo ya marca la diferencia (las revistas tienden a ser tan indulgentes como mi profe de inglés, que nos dice que no está tan mal cuando fallamos 5 de 6).

El fin de semana pasado, en lugar de forzarme a escribir algo no laboral, me fui a Santiago a hacer dos cosas muy importantes. La primera cenar en O fogar do Santiso, porque a pesar de haber estudiado 3 años en Santiago, nunca había ido al “restaurante enxebre”. Así que allí me llevaron, por medio de carreteras sinuosas, para finalmente llegar a un aparcamiento atestado de coches (sufres una pequeña decepción ¿pero cómo? ¿pero por qué? ¿pero esto no estaba perdido en medio del monte). Al parecer ahora hay una buena señalización, pero el Santiso como enclave turístico ya era un clásico antes. No pude disfrutar mucho de la cena porque empecé a encontrarme mal, pero doy fe de que el churrasco estaba muy rico.

La otra cosa (y más) importante, fue ir a ver la exposición de la Zona C, “Give me your picture”. Me hacía mucha ilusión porque es de una amiga mía, y el pensar en tener amigos cuyo nombre aparece en grande (Carolina Caluori) en una sala, me hace recordar lo de que quien a buen árbol se arrima.... Vale, es broma. El caso es que Carolina repartió ¿50? cámaras fotográficas de usar y tirar entre turistas y les pidió que fotografiaran la ciudad de Santiago, con el objeto de reflexionar sobre el turista como "coleccionista de lugares" (me encanta la expresión aunque me suena un tanto despectiva). El resultado son montones de postales en los que se ve la ciudad bajo todos los ángulos y en los que descubres el encanto de lo analógico y de su fantástica iluminación. También descubres algunas postales con el dedito por encima del que hizo la foto, que te llenan de ternura. Y sobre todo que hacemos fotos preciosas todo el rato (o que nos rodea mucha belleza), que quizá solo necesitemos descontextualizarlas un poco.

Hablando de fotos, quería mostraros también una cosa que me enseñó Ana y que mola mogollón: Back to the future.

Y ahora ya me puedo ir a la cama con la satisfacción del deber cumplido (he renovado este blog, fraggelianas y he acabado mi libro de 1100 páginas, que me acompañaba desde octubre- ahora me siento un pelín vacía).

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domingo, enero 30, 2011

Fotos de extraños



Ahora que uno lleva siempre una cámara colgada del brazo, y que no importa en absoluto el resultado de las fotografías porque total no gastas carrete, hemos llegado a un punto (o he llegado yo, más bien) en que la fotografía cansa. Cansa ver un montón de imágenes que no dicen nada.

Sin embargo, los primeros planos ejercen en mí un poder de fascinación bastante considerable. Especialmente si estás bien hechos, claro. Este viernes me he pasado horas (HORAS) viendo las 104 fotos de la serie “Shooting Portraits of Strangers” de Danny Santos.

Danny Santos es un tipo que se dedica (en su tiempo libre) a ir a la calle Orchand (en Singapur) y tratar de capturar caras bonitas y/o interesantes. Cada vez que ve una, para a la persona, le pregunta si puede sacarle una foto, le pide que no sonría y se la saca. En su blog, él, muy entrañable, comenta lo rápido que le late el corazón cada vez que tiene que abordar a un extraño, pero lo mucho que vale la pena cuando ve la foto que ha realizado.

Y es que sí, las fotos son magnificas. Hay pocas cosas más interesantes que una cara (que no sonríe). Lo de las sonrisas me recordó también a la exposición de Virxilio Vieitez (muy recomendable) en el Marco. Allí vimos fotos de los años 60 cuando alguna gente parecía aún no saber posar.

Danny Santos no quiere sonrisas porque cree que “falsifican” la realidad. En las fotos de Virxilio Vieitez, especialmente en unas hechas para el DNI, ves personas que aún no saben muy bien qué hacer ante una cámara, y que por lo tanto, no tienen poder para fingir.

Que en los años 60 ya hacía más de 100 años de las cámaras, ya lo sé, pero aún así no había ni de lejos la distribución que hubo después. Las fotos de Vieitez impresionan un montón también porque nos muestran caras toscas, con un punto animal. Aunque supongo que influye el hecho de que era un pueblo, en una época oscura –las de los años 70 muestran ya una transformación abismal-, creo que esa tosquedad viene también de no saber posar y a pesar de eso o por eso, respetar profundamente la labor del fotógrafo.


No he de decir que resultan mucho más atractivas.

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