Haciendonos mayores...

viernes, agosto 10, 2007

Las 20 fotos que realizamos el día que no debimos olvidar la cámara

1. Foto de la Iglesia de San Mamede, punto inicial. Tera y yo posamos orgullosas de nuestras pintas de excursionistas no intrépidas, de excursionistas ocasionales que van a sufrir, a sudar,a ponerse rojas, a perderse. A sentirse jóvenes pioneras.
2. Foto que registra unas "impresionantes vistas de Baiona y su ensenada".
3. Foto en la que aparezco amenazando con un cuchillo (y sin yo quererlo) a una mujer que vivía en medio del monte en una casa sin puertas, y que disimulando sus nervios, nos dio muy bien la útil información.
3. Foto de Félix, el gato al que no quisimos nombrar en ningún momento para no quererlo ( siguiendo la tónica general de que las cosas que no se dicen no existen). El gato que salió de la nada y nos siguió hasta que lo extenuamos. Un gato aparecido para que primero lo pusiésemos al borde de la muerte, y después lo salvásemos.
4. Foto de la comilona sobre supuestos petroglifos, con Félix a nuestros pies, y a los pies de Félix, tierra, casas, aire y un montón de mar. Somos más que los reyes del mundo.
5. Foto del bello parque forestal que invita al descanso, en el que no pudimos descansar, nerviosas por si Félix se nos moría.
6. Foto de bar, en lo que creemos el fin del camino. Empuñamos nuestras botellas de agua como los actores empuñan los Oscars. Ligera inseguridad ante la evidencia de que a partir de aquí nada de lo que vemos aparezca en el plano.
7. Foto de la señal falsa que nos lleva a internarnos en el monte. El principio del fin. Tal vez porque nos hemos separado del gato.
8. Foto de bellos reflejos del sol en un regatillo. Regatillo que según la lógica que hemos aprendido en las pelis, debería permitirnos llegar a algún sitio.
9. Foto de lo impracticable del terreno, de esos terrenos que son tan impracticables que sin fotos, nadie me creerá capaz de practicarlos.
10. Foto de osamenta (no humana). Nos debatimos entre cabra o perro.
11. Foto de babosa sucia y asquerosa. Alegoría de la desolación tras percibir que el regatillo no lleva a ningún sitio y que estaríamos completamente perdidas si no fuera por la fe en que remontándolo llegaremos al punto de partida.
12. Foto de algo que no se distingue, allá en lo alto, tras hileras e hileras de toxos. Si sonase, se escucharían motores. Es la carretera, a la que necesitamos llegar a toda costa.
13. Foto triunfal. Nos sangran las piernas y los brazos, pero estamos en la carretera.
14. Foto de un señor riéndose. Le hace gracia que preguntemos si Priegue está cerca. "Pero la parada de autobús está a sólo dos km". Constatación de que en algún momento, perdimos el camino.
15. Foto en la tienda. Volvemos a conseguir el Oscar.
16. Foto en el Atsa. Nos acercamos a la meta, ya no importa cómo.
17. Foto de la cuesta que aún hay que subir para llegar al coche.
18. Foto dentro del coche. Satisfacción
19. Foto en el mar. Placer.
20. Foto de la despedida. Alegría incontenible porque sabemos que un día mejor no es posible.

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sábado, julio 21, 2007

El día que fuimos del Opus

En realidad, en cualquier sitio se está mejor que en casa. Aquí me tenéis, en un albergue que no descubrió aún que hay formas de combatir el calor, pero que sin embargo disfrutan de la red de redes (no se dice así ¿verdad?). Son las diez de la mañana y puedo renovar. Eso nunca sucederá chez moi (y sí, me voy ahora a disfrutar de la ciudad, sólo espero a que Raquel se termine sus doscientoscinco cafés).
Ayer salimos a reconocer la zona. Buscamos algún sitio donde bailar y ligar y esas cosas. Una pareja nos indicó, muy amablemente, a donde podíamos ir. Y fuimos. El sitio era fantástico, con una canciones muy de guateque. Estábamos en nuestra salsa. Hasta que Raquel me miró y me dijo: "¿te das cuenta de que parecemos infiltradas del PP?" Con mi faldita elegante, sus pantalones claros por debajo de la rodilla y su ¡blusa!
Así son las cosas, vas un día de señorita y ya se creen hasta que eres del Opus.
Hola, nos dijo un chico (no guapo)
hola, dijimos nosotras
¿sois católicas romanas?, preguntó él.

¡Oh dios mio!

le llegamos al corazón igual, o por eso, quizá. Ya se sabe lo que le gusta a los chicos descarrilar entes ajenos.

El otro descubrimiento (además de que se me nota el colegio de monjas, tantos años perdidos) fue que no sé hablar castellano. Este año (en Barcelona), ya me dijeron que tenía acento francés e italiano.
Ayer un chico me dijo: tú no eres de aquí, blablabla, hablas castellano o sea que tienes que ser de Sudámerica o de México. Yo diría que de Argentina.
O de España... apunté yo.
¡Ostias claro! ¡Del norte de España! ¿Asturias?
Galicia
Bueno, es lo mismo. Pasarás calor aquí ¿no? Las playas de San Sebastian son tan frías...

Después la pareja que nos había indicado el lugar nos encontraron allí y me preguntaron ¿eres griega?
No, no, que soy de aquí.
Una chica se sumó a la conversación ¿de dónde eres?
Que no, que no, que soy española.
Tú no eres española.
¿No notas que hablo muy bien el castellano?
Sí, sí, pero con acento.... no sé, como polaco.
Es acento gallego.
No es gallego.
Que sí, que sí, que lo sé yo.

Y he de decir que la gente de Valencia a pesar de todo esto, es bastante encantadora. Por lo menos de noche. De los que te hacen dibujitos en los mapas para que no te pierdas y bromas constantes para que te diviertas.

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