Haciendonos mayores...

miércoles, noviembre 19, 2008

El verdadero significado de la Biblia

Recuerdo que en clases de hermenéutica me explicaron que todo (todo en este caso se refiere únicamente al proceso hermenéutico) venía de los judíos - es complejo porque en realidad era algo como que todo venía del distanciamiento cristiano respecto a la literalidad judía. Literalidad que arrojaba, sin embargo, una interpretación palabra por palabra proyectada al infinito-. Era impresionantemente interesante aunque mi memoria haya decidido que no. Hoy pensé en eso.

Pensé también en el hecho de que yo vaya a estudiar teología como quinta o sexta carrera (como en realidad nunca lo llegaré a hacer el ranking no es tan importante). El año pasado, leyendo Doktor Faustus, me di cuenta de que la teología podía ser muchísimo más apasionante de lo que había pensado, con historias sobre diablos y sexo y aventuras bíblicas enrevesadas.

Y por qué pensé tantas cosas hoy, os preguntaréis. Pues por culpa del trabajo, para que luego digan que no dignifica. Hoy, en una sesión solemne, y en el marco del “Año del diálogo intercultural”... (blablabla) Jonathan Sacks dio un pequeño discurso oficial. Jonathan Sacks es el rabino jefe de Reino Unido y aunque no se mojó ni habló de ningún tema mínimamente actual, hay que reconocerle que al menos dio un discurso destacablemente bonito.

Contó dos cosas fantásticas sobre la interpretación de la Biblia, la traducción y el verdadero y relevante significado de las palabras (temas literarios por excelencia, alejados del aquí y ahora, pero poéticos –si es que no es una condición sine qua non, maldita sea-) . Contó que tal y como él leía la Biblia hebrea había dos pasajes claves en la llamada de Dios al diálogo.

El primero tiene lugar cuando Dios está creando a Adán y a Eva, y cuyo sentido exacto se ha perdido durante dos mil años. Dios ve solo y triste a Adán y crea a la mujer, y Adán dice lo de carne de mi carne y hueso de mi costilla, y parece un poema sencillo y condescendiente, como si el hombre fuera lo primero y Eva un mero accesorio, pero no. Porque en hebreo hay dos palabras para designar hombre: atam y îsh, y Adán cuando ve a Eva la llama ishshâ, el hombre tiene que pronunciar el nombre de la mujer antes de decir su propio nombre, tiene que decir tú antes de decir yo, necesita al otro para entenderse a sí mismo; la autonomía, la identidad, surge con el diálogo (esto me recordó también a una profe de literatura que insistía siempre en que la fantasía de la telepatía le parecía monstruosa. “El no acceder a los otros más que a través de un medio que es el lenguaje” –nos explicaba- “es lo que impide que seamos una masa indiferenciada, mera parte de una conciencia de la que no nos podemos desgajar, es lo que nos convierte en sujetos”).

El segundo momento clave ocurre en plena trifulca entre Caín y Abel. Al parecer, en el capítulo 4 del génesis aparece una expresión de imposible traducción, así que los traductores tratan de hallarle el sentido a eso y se aproximan a través de perífrasis, en hebreo sería algo como: “Y Caín dijo a Abel, cuando estaban en el campo, entonces Caín mató a Abel”. Esa frase no tiene sentido gramatical, falta el qué, pero es que la Biblia señala esa frase interrumpida como fracaso del diálogo y vemos que donde terminan las palabras empieza la violencia.

Etiquetas: , ,