Haciendonos mayores...

martes, mayo 17, 2011

Celebrando el Día das Letras Galegas

Hoy aproveché bien mi festivo y celebré el Día das Letras Galegas como hay que hacerlo, aprendiendo cosas sobre el autor homenajeado: Lois Pereiro.

"Tristemente convivo coa túa ausencia
sobrevivo á distancia que nos nega
mentres bordeo a fronteira entre dous mundos
sen decidir cal deles pode darme
a calma que me esixo para amarte
sen sufrir pola túa indiferencia
a miña retirada preventiva
dunha batalla que xa sei perdida
resolto a non entrar xamais en ti
pero non á tortura de evitarte."

Para saber más sobre Lois Pereiro, pinchad aquí.

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domingo, enero 23, 2011

Sofía y Lev



El año en que tuve mi fascinante clase de "Historia de las mujeres en el siglo XIX" conocí a Sofía Tolstoi, no recuerdo bien por qué. Hasta ese momento yo era fan declarada del Tolstoi moralista (aún lo soy un poco, qué le vamos a hacer) y de sus siempre truncados deseos de mejorar. Deberíamos tejer redes de amor, decía. Debería despertarme temprano y trabajar, decía. Debería intentar ser menos grosero con mi mujer, decía. Pero normalmente hacía todo lo contrario, y es díficil no sentirse identificada con eso.

Pero tras oír hablar de Sofía Tolstoi y de sus propios diarios, decidí que quería leer con mis propios ojos lo duro que es estar a la sombra de un genio. Claramente escasean los genios que son además buenas personas, eso es algo que deberíamos asumir. ¡Muchachas del mundo, casarse con un Tolstoi en un gran error!

El caso es que una vez que me hice con los diarios de Sofía decidí ir leyendo los diarios en pararalelo para sacar como conclusión que Gertrud tenía razón. Sofía no para de hablar de sus problemas con Lev (es su vida). Lev habla de los problemas con Sofía, pero sobre todo de mil temas más. Lo que más gracia me hace es que ellos se leían mutuamente (al parecer Lev más tarde tendría 3 diarios a la vez, con distintos niveles de secretismo, pero mis fuentes no son fiables), lo que les hacía tener constantes trifulcas.

Lev tenía, entre sus muchos fanatismos, la manía de la verdad. Antes de casarse, le dió a Sofia sus diarios para que supiese quién era él -le obligó a leerlos-. Así se pasó la víspera de boda, asqueada ante su vida disoluta (de la que siempre se arrepentía, eso sí). Tengamos en cuenta que ella era una chica de 18 años, decente e ingenua, así que el choque debió de ser... interesante.

Las maneras en las que Sofía trata de justificar a Lev -cuando éste es cruel- son muy significativas, del tipo yo no puedo entenderlo, porque él es un genio y yo una pobre tonta, normal que se exaspere, pero de verdad que lo intento, aunque teniendo en cuenta que él leía su diario su sinceridad siempre está en duda. No sólo leía su diario, sino que también escribía en él. En agosto de 1863, en una de sus crisis de arrepentimiento, escribe tanto en su diario como en el de ella que toda la culpa es de él, que por favor le perdone, que no le reproche y que ame al hombre bueno que a veces asoma en él. Pero después se vuelven a enfadar y él lo tacha todo, porque Lev se pasa el día criticando los defectos de su mujer (reales o inventados) aunque espera que amen a ese hombre bueno que supuestamente reside en él.

Sí, lo reconozco, le estoy cogiendo un poco de manía a Lev, que es de los que se pasan la vida hablando del bien, pero torturando a los que tienen alrededor (de múltiples maneras: siendo cruel con ella, obligándola a amamantar aunque tuviese problemas físicos para hacerlo, pasando de ella mil cuando se deprimía porque había muerto uno de los 13 hijos que tuvo porque Lev estaba contra los anticonceptivos, queriendo repartir la herencia entre los campesinos de su finca o negándose a dejarla entrar en su lecho de muerte). Lo peor de todo es el grado de paternalismo con el que habla sobre las opiniones de ella: ella no puede saber, ella es una pobre egoísta, ella ignora lo duro que es ser un genio.

Ah no no Lev. No deberías haber dejado que nadie supiera cómo eras tú.

Yo, por mi parte, intentaré dejar de meterme en la vida de los autores que me gustan.

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lunes, enero 11, 2010

Días que ofrecen asesinato como único futuro

“No pensaré en el futuro ahora. No tengo tiempo. Cuando haya lavado las medias pensaré. Cuando haya cosido ese botón pensaré. Cuando haya escrito la carta pensaré.

Previsora, la naturaleza me otorga la habilidad de Penélope para tareas precisas, diminutas, que en el pasado yo hacía de cualquiera manera, como coser ojales y volantes para cuellos. Pues Dios mío querido, no debo pensar ahora, porque no puedo llorar aquí. Las paredes son demasiado delgadas.

No hay ningún sitio y ningún tiempo para esa palabra.”

No quería volver a hacer esto, pero no puedo evitarlo. He leído "En Grand Central Station me senté y lloré" en el momento más (o menos, quién sabe) indicado. Así que quizá todo mi entusiasmo no esté justificado . Pero creo que Elizabeth Smart tenía razón, tan consciente de que en el fondo, todos los que tememos su locura, todos los que -incluso- despreciamos su locura, la envidiamos al mismo tiempo.

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miércoles, noviembre 19, 2008

El verdadero significado de la Biblia

Recuerdo que en clases de hermenéutica me explicaron que todo (todo en este caso se refiere únicamente al proceso hermenéutico) venía de los judíos - es complejo porque en realidad era algo como que todo venía del distanciamiento cristiano respecto a la literalidad judía. Literalidad que arrojaba, sin embargo, una interpretación palabra por palabra proyectada al infinito-. Era impresionantemente interesante aunque mi memoria haya decidido que no. Hoy pensé en eso.

Pensé también en el hecho de que yo vaya a estudiar teología como quinta o sexta carrera (como en realidad nunca lo llegaré a hacer el ranking no es tan importante). El año pasado, leyendo Doktor Faustus, me di cuenta de que la teología podía ser muchísimo más apasionante de lo que había pensado, con historias sobre diablos y sexo y aventuras bíblicas enrevesadas.

Y por qué pensé tantas cosas hoy, os preguntaréis. Pues por culpa del trabajo, para que luego digan que no dignifica. Hoy, en una sesión solemne, y en el marco del “Año del diálogo intercultural”... (blablabla) Jonathan Sacks dio un pequeño discurso oficial. Jonathan Sacks es el rabino jefe de Reino Unido y aunque no se mojó ni habló de ningún tema mínimamente actual, hay que reconocerle que al menos dio un discurso destacablemente bonito.

Contó dos cosas fantásticas sobre la interpretación de la Biblia, la traducción y el verdadero y relevante significado de las palabras (temas literarios por excelencia, alejados del aquí y ahora, pero poéticos –si es que no es una condición sine qua non, maldita sea-) . Contó que tal y como él leía la Biblia hebrea había dos pasajes claves en la llamada de Dios al diálogo.

El primero tiene lugar cuando Dios está creando a Adán y a Eva, y cuyo sentido exacto se ha perdido durante dos mil años. Dios ve solo y triste a Adán y crea a la mujer, y Adán dice lo de carne de mi carne y hueso de mi costilla, y parece un poema sencillo y condescendiente, como si el hombre fuera lo primero y Eva un mero accesorio, pero no. Porque en hebreo hay dos palabras para designar hombre: atam y îsh, y Adán cuando ve a Eva la llama ishshâ, el hombre tiene que pronunciar el nombre de la mujer antes de decir su propio nombre, tiene que decir tú antes de decir yo, necesita al otro para entenderse a sí mismo; la autonomía, la identidad, surge con el diálogo (esto me recordó también a una profe de literatura que insistía siempre en que la fantasía de la telepatía le parecía monstruosa. “El no acceder a los otros más que a través de un medio que es el lenguaje” –nos explicaba- “es lo que impide que seamos una masa indiferenciada, mera parte de una conciencia de la que no nos podemos desgajar, es lo que nos convierte en sujetos”).

El segundo momento clave ocurre en plena trifulca entre Caín y Abel. Al parecer, en el capítulo 4 del génesis aparece una expresión de imposible traducción, así que los traductores tratan de hallarle el sentido a eso y se aproximan a través de perífrasis, en hebreo sería algo como: “Y Caín dijo a Abel, cuando estaban en el campo, entonces Caín mató a Abel”. Esa frase no tiene sentido gramatical, falta el qué, pero es que la Biblia señala esa frase interrumpida como fracaso del diálogo y vemos que donde terminan las palabras empieza la violencia.

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