Haciendonos mayores...

domingo, marzo 13, 2011

El techo de cristal

Mi amiga T. no puede ver Mad Men. Se pone muy nerviosa porque los hombres son asquerosos y las mujeres son estúpidas. Nosotras nos reímos de ella y le decimos que es historia, que eso ocurría. Ella dice que eso aún ocurre, y que aún así, o por eso, le parece insoportable de ver.

En realidad tiene toda la razón. Una tiene la suerte de vivir en un sitio donde puede estudiar lo que quiera, trabajar y nadie le va a echar nada en cara (en principio) por querer labrarse una buena carrera profesional. Por supuesto notas cosas, como que los entrevistados mayores de 45 te tratan con paternalismo (y a tu compañero de tu misma edad no), pero bueno, al fin y al cabo son de otra época. Ves como insultan a las mujeres competentes (en puestos importantes) por bordes y amargadas ¿?¿?¿? y que los hombres pueden pasarse el día gritando que lo tomarán como una muestra de caracter. Pero te dices que igual sea solo cuestión de simpatías.

Pero en realidad estoy traumatizada desde que leo Menéame. Por alguna razón que se me escapa está llena de misóginos, que intuyo que en la vida real son seres más o menos normales con novias (porque en la vida real una, gracias a dios, solo se topa con ese discurso de pascuas en flores). El caso es que cada vez que sale una noticia relacionada con una mujer que hace algo bueno, se llenan los comentarios de que las mujeres son tontas, egoístas y lo sazonan todo de datos cientificos de por qué no hay mujeres geniales a lo largo de la historia. Meneame está llena de trols, ya sé, pero da muy mal rollo.

Os dejo un video optimista, no creáis. Un vídeo de por qué no hay mujeres líderes, pero también de qué tenemos que hacer para solucionarlo. Para explicar algunas cosas, Sheryl Sandberg habla de un estudio que se hizo en una universidad, que consistió en repartir a los estudiantes la semblanza de un profesional. Lo único que se cambió fue el nombre del profesional, en la mitad nombre de hombre, en la otra mitad de mujer. Todos los estudiantes dijeron que ambos eran competentes, pero los que creían que era un hombre, pensaban que era un gran tipo, los que creían que era una mujer, opinaban que no era muy buena persona.

Se puede leer en muchos sitios (científicos) que las mujeres no tienen ambición y que anteponen la familia, y que por eso no llegan lejos en el ámbito laboral. Puede, y me parece bien que cada cual tenga sus prioridades y su propia noción de éxito. Pero mientras insconscientemente se asocie que la brillantez profesional en una mujer es una tara moral, o te eduquen para sacrificar cosas por la familia, habrá un importante sesgo y será dificil saber por qué el éxito profesional es algo secundario para ti.

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domingo, octubre 12, 2008

Las princesas bellas y los príncipes valientes

Hablaba con Kristin, mi nueva compañera de piso sobre Clara Wieck, y sobre todas las mujeres artistas en cuya tumba sólo aparecía “mujer de”. Le conté que tenía amigas que pensaban que en general, las mujeres escribían peor que los hombres (a nivel de las grandes obras de arte). Ella se horrorizó. No cuestionan la capacidad, le expliqué, no creen que no puedan, creen que culturalmente, hoy por hoy es complicado. Ella consideró que quizá dependía del país, que Suecia tenía una larga tradición de educación igualitaria y que no había diferencias de ese tipo.

Yo pensé en lo horrorizada que me quedé de Francia tras vivir allí, un país de, creía yo, fuerte movimiento feminista. Pero supongo también que no deja de ser un país de tradición católico-meridional donde su espíritu revolucionario fue lo que llevó a las reivindicaciones a pesar del insuficiente convencimiento social real (recordemos los ataques a Ségolène sólo en función de su género – ¡y desde su mismo partido!-). Le dije que no sabía, pero que yo estaba muy preocupada porque tenía amigos que creían que diferencias que yo achacaba a lo cultural eran de raíz natural, y que temía que esa opinión estuviese cada vez más extendida. Le expliqué que me daba la sensación de que en la Universidad, en los debates, los hombres siempre participaban más. Me dijo que claro, que sí, que eran educados para ir más hacía lo exterior, para proyectarse hacia afuera. Le pregunté si en Suecia era lo mismo.

Sí.

Vaya. Le confesé que yo a veces me sentía culpable de seguir reproduciendo el esquema, cómo puedo negar yo que las mujeres son lo que veo que yo soy. Me contestó que ella también.

Y pensé en los dibujos infantiles. Está claro que cualquier niño puede jugar a las muñecas y ver películas de la Barbie y cualquier niña tiene permiso para jugar a los helicópteros y ver series de marcianos. Pero la imagen que beben sigue siendo absolutamente dualizada. No tanto desde el punto de vista de la valía, pero sí de las características. No hay un sólo niño de 5 años al que le preocupe la belleza, que se lo plantee siquiera. Quizá unos pocos años después ser gordo sea un lastre. Pero por mucho que ahora los hombres se depilen y se echen cremas, ningún niño cree que hacerse mayor, ser al fin un hombre, consista en ir bien peinado.

No hay una sóla niña de 5 años que no sueñe con pintarse las uñas y vestir a la moda. Hacerse mujer con éxito pasa indudablemente por ser bella. Y cuando crezca, además de haber asimilado eso, sabrá también que le corresponde ayudar, cooperar, dejar espacio a los demás.

Como la mujer esa de la que me hablaba Raquel, cuyo nombre no aparece aún en muchos de los libros que escribió para su marido.

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